Si bien es cierto que SIEMPRE debemos ser respetuosos con nuestros perros, también considero que un modo de respetar su bienestar es ponerles límites.

Esto, en ningún caso significa someterlos a un castigo físico, gritarles, etc. Poner límites de forma asertiva va mucho más allá.

Me refiero a indicarle de forma clara y coherente lo que puede hacer y lo que no. El uso de un “no” bien explicado, seguido de unas consecuencias bien definidas (como perder el acceso a un juguete, la libertad durante el paseo, etc.), puede mejorar notablemente el comportamiento de nuestro perro y, en consecuencia, su relación con nosotros.

Es obvio que el “no” debe tener una connotación aversiva para nuestro perro si queremos que surja efecto. En otras palabras, debe estar asociado a cosas que a nuestro perro no le gusten.

¿A qué tipo de cosas podemos asociar el “no”?

Ejemplos serian retirarle nuestra atención, separarlo de nosotros durante un periodo de tiempo corto, alejarlo de otro perro al que quiere saludar… Como veis, hay formas respetuosas de “castigar” a nuestro perro.

Por último, es importante no amenazar a nuestro perro.

¿Qué quiero decir con amenazas? Me refiero a repetirle expresiones como “¡No!”, “¡Para!”, “¡Deja eso!” sin que haya una consecuencia después.

No podemos explicarles a nuestros perros lo que significan nuestras expresiones con palabras. Para explicárselo necesitamos consecuencias.

Un “no”, si la conducta indeseada no se detiene, siempre tiene que ir seguido de una consecuencia aversiva de las que comentábamos anteriormente. De no ser así, el “no” dejará de tener significado para nuestro perro y, por lo tanto, de provocar algún efecto sobre su conducta.

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